ESTHER
Esther comenzó a desnudarse lentamente, casi recreándose, dejando caer encima de la silla cada prenda de su ropa. Al final se quitó el sujetador y, por un momento, los encajes guardaron las formas protuberantes de sus pechos.
Su cuerpo quedó desnudo y el pelo rubio, liberado de la cinta que lo sujetaba, cayó sobre los hombros. Intentó sonreír, pero se le dibujó en los labios un rictus extraño. De un salto se metió en la cama.
Se amaron sin tregua hasta que el sol entró por las rendijas de la persiana.
Aquella noche fue la última que estuvieron juntos y esa misma mañana Juan Antonio emprendió el viaje.
El tren paraba en todas las estaciones y en todas subía un tropel de gente presurosa. Siempre era la misma escena: el tren se iba estacionando en el andén, lento y parsimonioso. Después, renqueante, volvía a partir.
Después de muchas, muchísimas horas, vislumbró, a lo lejos, la ciudad. Enorme y ennegrecida. Sintió tristeza. Tal vez porque eran las últimas horas de la tarde y la luz del sol, ya muy tenue, se filtraba por el enrejado de la estación de Francia de Barcelona.
Por el camino le escribió un poema a Esther que depositó en un buzón al día siguiente.
Si vuelvo de la ausencia, / es porque vuelvo / al filo encendido de tus brazos y a las horas apacibles / de tu memoria.
Si vuelvo, / es porque todavía / el tiempo es nuestro / y dejé atrás / surcos como sombras, / que ocultaban / la tersura del olvido cierto.
Si vuelvo a ti, / es porque te sé / fugaz como un suspiro, / como la transparencia de un sueño.
Texto: © Felipe Sérvulo
Foto de primeros del XX, no consta el autor. De mi colección particular.
RELATOS BREVES


MIS LIBROS
INVENTARIO DE POESÍA
ASÍ ME LO CONTARON


ANDALUCÍA VIVA













elrincondeanita dijo
Muy bonito Felipe, me ha encantado el texto, y la foto es realmente preciosa...
Qué tengas un gran miercoles!
30 Mayo 2007 | 05:23 PM